En el Pirineo ya han están asentándose las primeras nieves, y en este fin de semana que daban buenas previsiones para el tiempo, quisimos tener una toma de contacto con una excursión clásica, sin dificultad y que saciara nuestra sed de montaña.
Elegimos para ello los Ibones de Anayet y su Vértice por la ruta más corta desde Formigal. Comenzamos nuestros pasos sobre las 9:30 horas en el Corral de las Mulas (1625 m.). Tomando la pista asfaltada que nos lleva a la base de remontes de las pistas de Anayet, una vez aquí buscamos como referencia el barranco de Culivillas, para coger el sendero que transcurre cercano a su margen, también señalizado con las marcas del GR-11. El pequeño valle nos resguarda del viento que ya notamos al comenzar, y de las nevadas que cayeron hace dos semanas, tan solo quedan manchas que pintan el recorrido dándole mas belleza, si cabe, al paisaje. Ya cerca de los Ibones a unos 2.100 metros los neveros se hacen más persistentes, a esta altura el viento racheado nos castiga a su antojo, recordándonos que estamos en noviembre, también el cielo nos enseña los dientes con un tono oscuro plagado de nubes.
La aparición del Pico Anayet cuando estamos a punto de llegar a la planicie de los lagos, es una imagen difícil de olvidar, muestra primero su cima, y gradualmente nos enseña su enorme mole de roca caliza. Ante nosotros tenemos nuestro objetivo, el Vértice de Anayet (2559 m), eclipsado por su hermano pequeño el pico Anayet (2545 m). Los ibones están parcialmente helados y cubiertos de nieve, contrastando su claridad blanquiazul con la impresionante imagen del Midi d’Ossau, cubierto de un cielo oscuro que parece a punto de estallar. Nos dirigimos hacia el collado que divide los dos montes Anayet, cuando emprendemos la subida, su inclinación (35º), nos obliga a sacar el piolet, luego atacamos la cresta del Vértice, que se encuentra limpia de nieve, excepto en su parte final, llegamos a la cima después de unas 3 horas y media. El tiempo empeora por momentos, a pesar de esto, aguantamos un buen rato haciendo las fotos de rigor y contemplando las vistas que nos regala.
El regreso lo realizamos con mucha tranquilidad, porque conforme perdemos altura el tiempo parece sosegarse, llegamos al punto de inicio sobre las 17:30, cuando comienza a oscurecer.
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