Llevábamos ya varios meses esperando para saltar el charco hasta la isla de Mallorca, puliendo hasta el último detalle e intentando que nos saliera lo más económico posible. Cuando la ilusión estaba ya a flor de piel comenzaron los quebraderos de cabeza, ya que con quince días de antelación, justo lo que establecen las leyes, la compañía aérea nos canceló el vuelo de regreso desde Mallorca. El viaje contratado en un principio partía desde Lérida el viernes por la mañana, para regresar al mismo aeropuerto el domingo por la noche. Nuestro plan de viaje cambio radicalmente ya que en esta ciudad no existía la posibilidad de cambiar de vuelo, además las facilidades que nos dio la compañía Vueling fueron nulas, así que al final tuvimos que cambiar el plan y volar desde Barcelona, con los mismos horarios que teníamos previstos, aunque con el inconveniente del desplazamiento mucho más lejano desde Zaragoza.

 






 

Eran las seis de la mañana del viernes cuando partíamos desde la puerta de la Junta Municipal Miralbueno, Noelia, Beti, Luis, Miguel Ángel, Mariano, Juan Ignacio, Héctor y Raúl. A las nueve de la mañana estábamos en la puerta del aeropuerto donde nos esperaba nuestro buen amigo Bernardo para ayudarnos a estacionar los coches en un aparcamiento gratuito y seguro. Embarcamos con un poco de retraso, ya que el avión iba totalmente lleno, pero aún así llegamos al aeropuerto de Palma casi a la hora prevista, donde nos aguardaban María y Manolo que se esforzaron para hacer que nuestra estancia en la isla fuese lo más agradable posible. Rápidamente recogimos los coches de alquiler y nos dirigimos a los apartamentos que teníamos reservados, dejamos las maletas y cogimos lo necesario para visitar la Cueva de Valgornera, de camino a ella paramos a comer en un buffet libre donde llenamos nuestros estómagos hasta rebosar.

A las cuatro de la tarde estábamos en la calle de la urbanización donde se encuentra la entrada a la cavidad, un terreno donde esta el edificio de un antiguo hotel para el que se construía una fosa séptica cuando se topo con la cavidad hace más de cuarenta años. Uno a uno nos fuimos introduciendo por el castillete que cierra la entrada y descendiendo con la ayuda de una escalera hasta la sala de entrada. La primera visión de la sala ya es espectacular con formaciones por todos los sitios y sobre todo con un techo plagado de finas y largas estalactitas, mientras apreciábamos estas nos íbamos colocando los neoprenos , necesarios para atravesar a nado el Lago Gemma. Una vez todos listos descendemos por un pozo rampa instalado con una cuerda en fijo, que se desciende sin ayuda de aparatos hasta llegar a la orilla del lago, aquí nos quitamos las botas y nos colocamos unas aletas que nos servirán para ir más ligeros por el agua, a la vez que minimizarán las olas que producimos al nadar, evitando así la posible rotura de formaciones. Al poco tiempo de comenzar a nadar llegamos a un punto que bloquea nuestro paso, obligándonos a reptar unos metros un poco incómodos ya que lo hacemos con las aletas puestas. Una vez superados estos dos pasos consecutivos continuamos nadando plácidamente hasta llegar a la regla donde se mide el nivel del agua, allí nuestro guía Manolo nos comenta que este es muy bajo, y que pocas veces lo había visto así. Continuamos nadando y admirando la belleza del lago plagado de formaciones, sobre todo fistulosas que apreciamos en todo su esplendor ya que, en esta ocasión, quedan por encima del agua. Llegamos al final del lago y nos quitamos las aletas volviéndonos a colocar las botas, algunos aprovechan y se quitan también la chaquetilla del neopreno. La galería se estrecha bastante obligándonos a veces a reptar, llegamos a otro paso estrecho que nos obliga a adoptar una postura de contorsionista para superarlo, posteriormente atravesamos una antigua verja metálica que antaño impedía continuar hacia el interior de la cavidad y que ahora sirve de apoyo para cruzar al otro lado de un pequeño desfondamiento; ya desde aquí se empieza a remontar poco a poco hacia el campamento instalado al comienzo de la Sala Que no te nom, donde nos quitamos los neoprenos y colocamos ropa cómoda para andar por el resto visitable de la cueva. Comenzamos a caminar por la cavidad, Manolo guía el grupo y Raúl lo cierra, debemos ir todos al mismo ritmo y viéndonos los unos a los otros para evitar pérdidas, a la vez de no salirnos del recorrido balizado para este tipo de visitas, que además sirve para no dejar más rastro de nuestra presencia en el resto de la cavidad. Paso a paso nos deleitamos con las maravillas que vamos viendo, incluso un techo totalmente liso resulta ser interesante ya que esta totalmente recubierto de una gruesa capa de mulmik en estado sólido, recorremos estrechas galerías que se entrelazan entre sí formando un auténtico laberinto, de vez en cuando se abren en pequeños rincones donde afloran abundantes espeleotemas. Nuestro recorrido termina en una galería parcialmente inundada en donde unas grandes formaciones en forma de platos nos hacen disfrutar de lo lindo. Desde aquí comenzamos el regreso hacia el campamento donde nos volvimos a poner los neoprenos y emprender el camino de salida cruzando nuevamente el lago Gemma, que en esta ocasión había elevado su nivel por lo que las formaciones quedaban parcialmente sumergidas en el agua salobre del mismo. Era de madrugada cuando salíamos al exterior, bastante cansados y con sueño por lo que agradecimos el descanso en las camas del apartamento.



 

 

 




















Al día siguiente nos levantamos a la hora de comer, aunque alguno no lo hubiera hecho después de dormir tan solo un par de horas, ya que los roncadores habían hecho de las suyas. Después de zamparnos unas hamburguesas pasamos a recoger a Manolo y a María que nos iban a llevar a la Cueva de Coloms en la localidad de Manacor. Aparcamos los vehículos al final de la pista que da acceso a Cala Varques, frente a ella atravesamos una puerta metálica y seguimos un sendero que nos lleva a la bonita cala en quince minutos aproximadamente, desde aquí tomamos por la izquierda un sendero menos claro, que por encima de los acantilados en dirección este, pasamos delante de un bonito puente roca sobre el mar y continuamos hasta colocarnos sobre la vertical de la cavidad. El acceso se hace rapelando desde el acantilado al mar en un rápel espectacular volado de más de treinta metros, una vez en el agua se nada hasta la boca en el fondo de la oquedad. Conforme fuimos rapelando nos dirigíamos hacia la boca con la desagradable sorpresa de estar taponada por una gran cantidad de algas, aun así intentamos retirarlas con todos nuestros medios pero la fuerza del mar volvía a taponarla; al final Manolo consigue abrir un pasillo pero comprueba que la primera sala de la cueva esta anegada hasta el techo por lo que es inútil intentar entrar. Los nueve comenzamos el regreso a nado bordeando los acantilados hasta una pequeña cala, que también estaba repleta de algas y desde aquí desandamos nuestros pasos hasta la playa donde limpiamos los neoprenos y nos dimos un gélido baño a la luz de la luna, posteriormente regresamos hasta los coches y con ellos hasta Palma donde disfrutamos de unas buenas pizzas para cenar.

Pincha aquí para fotografías del acceso a la Cueva de Coloms.



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Fotografías de:

Beatriz Izuel
Héctor García
Raúl García