Torrent Mortitx Pollença (Mallorca) 4 de marzo de 2011
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Como estaba previsto en el calendario de actividades, nuestra visita a Mallorca se cerraría con el Barranco Mortitx. Desgraciadamente parte del grupo no quiso realizarlo prefiriendo irse a visitar las Cuevas del Drac, pero unos pocos disfrutamos del barranco más bonito de la isla. Eran las siete de la mañana, hora nueva ya que esa noche se adelanto esta, cuando Beti, Juan Ignacio y Raúl se levantaban, desayunaban y recogían a Manolo en su casa para desplazarse hasta la puerta de la Finca Mortitx, situada entre los kilómetros 10 y 11 de la carretera C-710. Aparcamos el coche en la cuneta de la carretera junto a la puerta de la finca y saltamos el muro con la ayuda de una escalera de madera allí colocada, descendemos por la pista, al poco dejamos la pista por la derecha y tomamos un sendero marcado con fitas, este no es el acercamiento habitual al barranco pero Manolo nos llevó por aquí para poder disfrutar de otras partes de la sierra, el sendero habitual lo tomaremos a la hora de volver. Este lo seguimos sin problemas ya que hay muchos hitos que lo balizan, pasamos por la boca del Avenc S´aigo, remontamos un pequeño collado y aparecemos sobre el barranco Mortitx, encima de una masía, antiguo refugio de contrabandistas, descendemos hasta el y continuamos hacia el cauce del barranco. En menos de dos horas estábamos ante el primer rápel, allí había otro grupo que empezaba su descenso justo cuando nosotros llegamos. Antes de nada Manolo decidió que era hora de comer, pero como ninguno le hicimos caso comenzó a colocarse el neopreno y el equipo técnico para el descenso, dejamos todos nuestros enseres junto a un matorral ya que al acabar regresaríamos a ese mismo punto. |
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Hasta el momento el día nos estaba respetando ya que una pequeña bruma tapaba el sol y se hacía muy agradable el caminar, pero ya a la hora de comenzar el barranco nuestro amigo empezaba a calentar de lo lindo por lo que estábamos deseosos de mojarnos un poco. Desde el cauce nos encontramos un primer rápel de cuatro metros que se puede saltar desde una pequeña cornisa situada a la derecha, cosa que hicimos todos. Continuamos y superamos un par de resaltes más; llegamos a un rápel de cinco o seis metros, este también se puede descender en tobogán o saltarlo, en este caso usamos la cuerda fija como ayuda pero sin usar los aparatos. El barranco se abre tímidamente atravesando un pequeño caos de bloques bastante resbaladizos por el verdín que los cubría y donde hicimos algún pequeño salto. Llegamos a otro rápel, en este caso de 7 metros que también saltamos, pero con más cuidado ya que la badina donde caemos es un tanto reducida, continuamos atravesando un par de badinas y resaltes todos ellos instalados con cuerda fija, en alguno de los casos con nudos, aunque la mayoría los saltamos. El descenso esta siendo muy agradable y divertido, sin nadie más en los alrededores, con el agua justa para disfrutar y con un tiempo excelente. Por otra parte Beti, que no estaba acostumbrada a saltar, se encomendaba a todos los santos antes de hacerlo y los demás mientras la animábamos para darle más confianza, después de este barranco ya no dirá que ella no salta. Manolo nos indica el lugar donde sufrió un accidente un alemán y del que tubo que salir a avisar al equipo de rescate, continuamos y llegamos al rápel más alto del barranco, son unos veinte metros que rapelamos con nuestras cuerdas, un par de resaltes nos llevan hasta el siguiente rápel, de quince metros de altura que se puede rapelar o saltar con cuidado, todos menos Raúl lo descienden por la cuerda y este lo salta desde una cornisa a la izquierda. Ya nos queda poco, atravesamos unas pequeñas pozas y nos encontramos un caos de bloques por donde se cuela el agua, justo antes de la repisa desde donde se ve el mar, para llegar a ella es recomendable seguir el agua en vez de intentar destrepar por las rocas resbaladizas. Lo normal es acabar el barranco en esta repisa, pero como las condiciones del mar eran ideales, colocamos una cuerda en un natural y todos saltamos al agua, disfrutando de la belleza de los acantilados que flanquean la salida del barranco al mar, este tenía un color azul trasparente que pocas veces se puede ver así deleitándonos a todos con su belleza. Después de nadar un poco regresamos al barranco y con ayuda de la cuerda que habíamos instalado salimos del mar, no sin dificultades ya que la roca resbala barbaridad por el verdín que la cubre y no llevábamos aparatos de ascenso. Una vez todos en la repisa superior nos quitamos los neoprenos y nos disponemos a salir del barranco ascendiendo por sus paredes, la otra forma de regresar al punto de partida es remontándolo con ayuda de las cuerdas fijas que hay instaladas o con las que se hallan dejado para este propósito. NUNCA SALTAR AL MAR CUANDO ESTE NO ESTÉ EN TOTAL CALMA Y NO INTENTAR SALIR DEL BARRANCO NADANDO POR EL MAR. Comenzamos a subir por sus paredes, algunos hacen referencia a esta salida como ferrata pero en realidad es una escalada que en sus puntos más delicados se asegura mediante sirgas metálicas o cuerdas. La roca es muy segura ya que no resbala pero a su vez es muy agresiva con nuestro cuerpo ya que parece auténtica lija, e incluso en ocasiones asemeja cuchillos extremadamente afilados. Desde el principio la verticalidad es la constante, aunque sin mayor dificultad que el posible vértigo, eso hace de esta salida y los espectaculares paisajes que contemplamos, algo inigualable. Continuamos subiendo hasta llegar bajo una gran visera que cruzaremos continuando subiendo por una canal instalada con cuerda fija. A continuación llegamos a otro tramo instalado con cable de acero que puede resultar un poco más difícil que la anterior, sin mayor dificultad que el esfuerzo físico y el calor llegamos a la parte más alta de la pared donde transitamos por un gran lapiaz que nos obliga a extremar las precauciones además de emplear a veces la técnicas de oposición. Una vez descendido el lapiaz encontramos un sendero que nos conducirá al cauce del barranco y punto de partida de nuestro descenso. Ahora si que nos hemos ganado la comida y todos nos zampamos nuestros bocadillos tranquilamente mientras los neoprenos se secan al sol para evitar llevarlos mojados en las mochilas y luego en el avión. Al rato nos ponemos a caminar por un sendero poco evidente por la gran maleza que hay y que discurre paralelo al barranco, poco a poco se va haciendo más claro y más cercano a este, incluso transitamos por el ya que no lleva agua. Al fondo observaremos una pequeña montaña, conocida como Es Gorg des Bec de l'Oca, caminamos hacia ella y bordeamos la badina que tiene en su base, por la derecha. Más adelante encontraremos alguna badina con agua estancada y fácilmente evitables por sus bordes. Desde aquí nos dirigimos, siguiendo las fitas, hacia un afluente del barranco Mortitx, garganta Els Perros, que se aprecia claramente a la izquierda, ahora la subida comienza a ser más empinada y se empieza a notar el esfuerzo realizado además de la falta de sueño. Al llegar a la parte superior del barranco llegamos a un llano cubierto de maleza. El sendero está marcado con puntos de pintura roja y con fitas, aunque habrá momentos que nos costará seguirlo debido a la altura de las hierbas, estamos en el plano de Horts Vells del Mortitx, al final del mismo llegamos a unos olivos y allí cruza una pista que tomamos hacia la izquierda remontando por la pista hasta llegar a un pequeño refugio cerca de un impresionante olivo y de una valla que corta la pista, esta la saltamos con la ayuda de una escalera de madera colocada a tal efecto y continuamos por la pista rodeados de campos de labor hasta llegar a la puerta principal de la finca y a nuestro coche aparcado al otro lado de ella. Después de recoger nos desplazamos hasta Palma de Mallorca donde nos juntamos con el resto de la expedición, hicimos un poco de turismo por el casco antiguo y cenamos en una agradable terraza. Desde aquí al aeropuerto a devolver los coches y subir al avión con una hora de retraso, aterrizamos en Barcelona más allá de la una de la madrugada, donde Bernardo nos esperaba para llevarnos a recoger los coches y emprender el regreso hacia Zaragoza donde llegamos alrededor de las cinco de la mañana, alguno justo para ducharse e irse a trabajar. |
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Fotografías de: Beatriz Izuel |
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