Todo el grupo preparando la actividad

Sistema Arañonera

Limpieza y reinstalación de la travesía T1-Santa Elena
Torla (Huesca)
3 y 4 de julio de 2010

Nuestro grupo

Mis compañeros me animaron en esta ocasión a que redactase la crónica de esta actividad, por lo que puede suponer una primera travesía a alguien novel como yo, por lo que puede suponer pasar más de 12 horas en una cavidad y ver un poco más de cerca las dificultades que hacen que siempre se diga que la espeleología es una actividad, cuando menos, dura.
Así que en vez de redactar en primera persona del plural y de forma objetiva, como venía siendo habitual, contaré lo que recuerdo de este fin de semana en primera persona del singular y de forma más subjetiva.
Ya hacía tiempo que a través de Facebook estaba informada de que durante el fin de semana del 3 y 4 de julio, la Federación Aragonesa de Espeleología convocaba a los clubes aragoneses para limpiar y reinstalar la travesía Grallera del Turbón (T1)-Cueva de Santa Elena, dentro del Sistema Arañonera, así que me animé a participar en esta actividad que se me antojaba mucho menos lúdica que otras salidas, pero interesante y necesaria. Consideraba más que oportuno asistir, dado el compromiso que he decidido adquirir con mi club y con el resto de espeleólogos. Tenía la idea de que me adjudicarían labores tediosas y poco divertidas, pero en las cuales aprendería mucho de espeleología, de cavidades pirenaicas, de instalaciones y de trabajo en equipo.


Comenzando la subida hacia la T1.
Comenzando la subida hacia la T1.
Últimas rampas hacia la T1.
Últimas rampas hacia la T1.
Todos alrededor de la boca.
Todos alrededor de la boca.

Por fin llegó el viernes 2 de Julio y a las 22:00 salía de Huesca junto a Luis C. Antes de media noche ya estábamos en las puertas del camping de Bujaruelo. Hacía un rato que ya había llegado también el resto de la representación de E.C.Z.; Raúl, Miguel Ángel, Mariano y Manolo.
El sábado 3 de julio a las 07:15, suena el despertador y nos pusimos en pie, pues teníamos una cita a las 08:00 con el resto de clubes. Apenas pasaban unos minutos de las ocho cuando nos reuníamos los grupos venidos de los distintos puntos de la geografía, no sólo, aragonesa. Se repartió el material que necesitaríamos, nuevas cuerdas, anclajes, material de instalación, bolsas de basura… y se acordó que todos entraríamos por la T1, convirtiéndose de esta manera lo que iba a ser una jornada de trabajo desinteresado, en el comienzo de mi primera travesía.
Eran ya las 09:30 cuando comenzamos el ascenso de aproximación siguiendo el Barranco del Turbón, al principio por un bosque en fuerte pendiente, y una vez cruzado el cauce del barranco, continuamos por unos prados siguiendo un no tan marcado camino hasta que vimos la característica pared rocosa que marca la localización de la Grallera del Turbón. Casi a mediodía se definieron los grupos de trabajo y se repartieron las tareas. El grupo que me asignaron junto a mis compañeros del Club fue el cuarto, deberíamos cambiar cuerdas y anclajes de los pasamanos hacia la mitad de los pozos, teníamos prevista nuestra entrada a las 15:30 de la tarde.
Mientras los primeros grupos accedían a la cavidad nosotros matábamos el tiempo conociendo y hablando con los compañeros de otros Clubes, también algunos visitaron la cercana T-2 entrando por una empinada rampa de nieve, y al final todos acabamos refugiados en un pequeño abrigo cercano a la cueva contemplando las tormentas que se sucedían una tras otra.
Por fin llego nuestra hora, nada más asomarnos a la boca por la que accederíamos, equipada con una sirga, notábamos un gélido viento que salía de la cavidad. En los primeros pozos la cantidad de nieve acumulada era considerable y el frío viento que ascendía por ellos hizo que se nos insensibilizasen los dedos de las manos, pero pudimos recuperar el tacto pasada la gran rampa. Continuamos descendiendo a pie, deteniéndonos varias veces, pues aunque habíamos tenido la prudencia de espaciar por una hora las entradas de los grupos, se hizo insuficiente este periodo de tiempo y llegamos a alcanzar al tercer grupo en varias ocasiones y el quinto grupo también nos llegó a alcanzar a nosotros, mis compañeros empezaban a quejarse de frío durante estas paradas, yo todavía no.

 

Grallera del Turbón -T1-
Grallera del Turbón -T1-

Pozo de entrada.
Pozo de entrada.

 

Boca de entrada T1.
Boca de entrada T1.
Atravesando los meandros.
Atravesando los meandros.
Trabajando en los pasamanos.
Trabajando en los pasamanos.
Cabecera del P-90.
Cabecera del P-90.

Lengua de hielo en la Gran Rampa.
Lengua de hielo en la Gran Rampa.

Esperando nuestro turno antes del P-90.
Esperando nuestro turno antes del P-90.

Pasamanos en el río.
Pasamanos en el río.

Saliendo por la Cueva de Santa Elena.
Saliendo por la Cueva de Santa Elena.

Nuestro grupo en la salida.
Nuestro grupo en la salida.

 

Por fin descendimos los tres pozos ya reinstalados (P29, P9, P30) que daban acceso a nuestra zona de trabajo, los pasamanos intermedios. Se cambiaron los anclajes y las cuerdas que quedarían fijas. Llenamos nuestras sacas con las cuerdas viejas incluida la del siguiente pasamanos en rampa que nos acercaban a unos cortos y a veces estrechos pozos. Llegamos al famoso y esperado P90, en el que ya hace tiempo no hay tirolina, en su lugar descendimos hasta la repisa intermedia con un rapel guiado por dos cuerdas fijas, en este punto nos pasamos al pozo paralelo que se desciende en dos tramos hasta llegar a su base donde descansamos un poco dejando así espacio al grupo anterior que habíamos vuelto a alcanzar. Mientras esperábamos los compañeros, más experimentados y que habían hecho la travesía en otras ocasiones, se sorprendieron del alto nivel de agua que había en este punto, llegando a intuir que a partir de ahora, las galerías llevarían mucha, mucha agua. Sólo Manolo iba equipado con el peto del neopreno, el resto habíamos decidido prescindir de él para poder portear más material, confiando en que al llevar un ritmo fluido de progresión podríamos aguantar las bajas temperaturas a las que nos exponíamos estando en contacto con el curso activo de agua. Así pues nos armamos de valor y fuimos progresando por la anegada galería principal en ocasiones ayudados por pasamanos (en otras ocasiones daba la sensación de que el pasamanos fuese un obstáculo más a superar). No pocas veces salimos del curso de agua para trepar y destrepar por los abundantes caos de bloques. Contaba con tener agua hasta el pecho, pero no con tener que nadar, como anunciaron mis compañeros al comienzo de la galería. Y así fue, por un momento mis pies dejaron de tocar el suelo. Estaba tiritando y notaba entumecida la musculatura de la mandíbula, pero no le di mayor importancia, ya sabíamos que íbamos a pasar frío, continuamos avanzando, trepando y destrepando, con algún que otro resbalón y caída, a las 00:30 volvimos a alcanzar al tercer grupo, pero en esta ocasión la situación era distinta, también estaba junto a ellos el segundo grupo, y todos estaban envueltos en las mantas térmicas. Aquella imagen me desconcertó, una vez que ya estaba yo también bajo las mantas me percaté de que la musculatura de mi rostro estaba más entumecida que antes y no se entendían bien mis palabras. Ya no tiritaba, todo mi cuerpo temblaba y se producían espasmos musculares involuntarios.
Posteriormente comprendí que aquella detención se vio motivada por lo dificultoso que suponía el avance, ya que al abundante caudal se le había sumado el agua propia del deshielo y de la fuerte tormenta que había en el exterior. El curso de agua cada vez se hizo más abundante y fuerte hasta que en este punto sifonó un pequeño paso y la fuerza del agua impidió usar la alternativa por encima de la roca.
Ya había pasado casi una hora y todos nos pusimos en marcha. El agua había bajado lo suficiente para poder respirar en el paso, y además para continuar se instaló un nuevo pasamanos que por lo menos nos dio más confianza. Yo, al querer incorporarme y moverme me di cuenta de que mis músculos no daban toda la respuesta que yo les pedía, me costaba moverme, todo mi cuerpo estaba entumecido. Con torpes balbuceos pude avisar a un compañero de mi grupo de cual era mi situación física. En pocos minutos me vi protagonista de unas de esas historias que cuentan otros espeleólogos, recordando momentos duros en los que tratan de mantener, incluso recuperar la temperatura corporal de algún compañero en apuros. El viejo carburero de Raúl me ayudó mucho a la hora de intentar recuperar algo de movilidad. No me sentía recuperada, pero había que salir de allí, así que con los fuertes ánimos y el apoyo de mis compañeros continuamos la travesía por los ya últimos tramos de la galería, superando zonas por las que discurría el curso del agua, unas veces con pasamanos y otras sin ellos, unas veces nadando y otras arrastrados por la corriente, y también pasando por varios caos de bloques en los que tuve que aceptar la mano que me tendían mis compañeros para ayudarme, mis músculos no eran capaces de desarrollar la fuerza que yo les pedía.
Una vez superadas las doce horas dentro de la cavidad, la estancia y progresión se hizo dura para todos. Todos estábamos cansados, mojados, con frío, doloridos y se me hizo extraño escuchar las quejas y exclamaciones malsonantes de alguno de mis compañeros, pero la situación no era para menos, estábamos acusando fuertemente el frío y la ausencia de neopreno. Continuamos un poco más por la galería principal entre agua y buscando los mejores pasos por entre los caos de bloques y alcanzamos un pozo ascendente equipado con dos vías paralelas que nos alejarían del agua, conduciéndonos hacia los pasos estrechos que anuncian el inminente final de la travesía. De nuevo, como en la boca de entrada, sentíamos fuertes corrientes de frío viento que nos ayudaban a no detener nuestra marcha, pues sabíamos que la salida estaba muy próxima, y justo en la penúltima estrechez volvimos a alcanzar al grupo precedente.
Y por fin, a las 08:35 del domingo 4 de julio, salía por la boca inferior de nuestra travesía. Habían pasado 17 horas desde que habíamos entrado, allí nos esperaban compañeros del primer grupo que sospechaban que habríamos tenido algún percance, pues tardábamos en salir bastante más de lo previsto.
Estábamos todos cansados y con mucho frío, nuestras crónicas lesiones se dejaban sentir, pero todos habíamos conseguido salir por nuestro propio pie, y así conseguimos llegar hasta la pista del Valle de Bujaruelo. Bueno, yo salí por mis propios pies, pero sin mis compañeros animándome, porteando mis cosas, tendiéndome la mano y cediéndome incluso sus hombros es posible que no hubiese salido.
Tras cambiarnos de ropa nos reunimos todos los participantes de la limpieza y reinstalación de la travesía T1-Santa Elena para compartir nuestras experiencias, sacar conclusiones, comer algo y recuperar fuerzas.No nos entretuvimos mucho, una vez secos y con el estómago lleno fuimos emprendiendo nuestra vuelta a casa con muchas ganas de quedarnos en ellas lo que quedaba del día para poder descansar.

Beti

 

Repisa intermedia del P-90.
Repisa intermedia del P-90.
Pasamanos en el río.
Pasamanos en el río.
Galería inundada.
Galería inundada.
Bajo las mantas.
Bajo las mantas.

 

Topografía extraída del libro "Grandes Travesías 40 Integrales Españolas" de Isidoro Ortíz Revuelta

 

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Fotografías de:

Manolo Luque
Raúl García