
Copiosa nevada en la cabecera.

Equipandonos para el descenso.

Entrando en el barranco.

Primer rápel de 45 m.

Destrepando con cuidado.

Comienzo de la zona estrecha.
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Tal y como estaba previsto salimos de la puerta del Club a las siete de la mañana, y como últimamente acostumbramos hicimos la primera parada en el Centro Comercial Coso Real de Huesca donde recogimos a más participantes, desde aquí directamente nos fuimos a Rodellar donde llegamos a la cita con nuestros compañeros de Barbastro y Binefar con una puntualidad británica a las nueve de la mañana. El pueblo estaba desierto, nada que ver con el bullicio que tendrán sus calles dentro de un par de meses y durante todo el verano; el día tampoco estaba muy alegre y como se suele decir no hacia ni frío ni calor, 0 ºC marcaban los termómetros con un cielo totalmente cubierto y unas previsiones meteorológicas de lluvias débiles durante el día. Nada de esto nos desanimó y rápidamente nos cambiamos de ropa y repartimos las cuerdas comenzando a andar hacia nuestro objetivo a las nueve y veinte, desde el pueblo descendimos hasta el cauce del río y lo fuimos remontando, cada vez que nos tocaba cruzarlo de una orilla a otra nos dábamos cuenta de que su nivel era bastante elevado para la época del año en la que estamos, por lo que nuestro objetivo de descender el barranco con caudal de agua se veía cercano. Poco a poco avanzamos por el fondo del barranco dejando atrás las numerosas zonas de escalada, la surgencia del Mascún, el desvío hacia Gorgas Negras para poco después tomar la senda que se dirige al pueblo de Otín, el cambio es radical y ralentizamos nuestro ritmo ya que las rampas de esta subida hacen que alguno pague el excesivo ritmo que puso a la salida, otros sin embargo tienen tiempo y ganas para hacer el cabra y subirse a cualquier saliente de roca. Cuando llevábamos media subida la climatología nos indicó que ella también estaba allí y empezó a nevar, al principio suavemente pero cuando llegamos a la cabecera del barranco la nevada se convirtió en bastante copiosa. Los ánimos no decayeron y comenzamos a colocarnos los trajes de neopreno lo más rápidamente posible ya que el frío era bastante intenso, mientras, nos dividimos en tres grupos para hacer más ágil el descenso. Miguel Ángel partió al frente del primer grupo, y el resto hicieron tiempo para espaciar los grupos, durante la espera empezaron las dudas de algunos de los componentes haciendo abandonar a varios, fueron cinco los que decidieron no aventurarse, pero Chipi convenció a dos de ellos, así que tres personas tomaron el camino de regreso por la senda en vez de por el barranco. Los nervios de los que estábamos esperando, unido al intenso frío nos hizo ponernos en marcha antes de tiempo y en un solo grupo en vez de dos como habíamos acordado. La nieve lo cubría todo y hacía más complicado el descenso, lo primero que nos encontramos fue un destrepe de tres metros que debido a lo resbaladizo se convirtió en un tobogán para casi todos nosotros haciéndonos caer en una pequeña pero helada poza de agua, inmediatamente nos encontramos con el primer rápel, que en otras circunstancias hubiera sido un salto ya que las condiciones eran ideales salvo la temperatura, justo aquí divisamos al primer grupo cuyos dos últimos miembros estaban esperando para descender el rápel de 45 metros y eso provocó una larga espera para todos en uno de los peores sitios para ello, ya que la corriente de aire hacía que el frío fuese más intenso, entre tiritonas y manos congeladas fuimos bajando uno tras otro, el descenso fue espectacular comenzando con la impresionante vista que tenemos desde la cabecera del mismo, como el chapuzón bajo de la cascada, el paso por delante del domo que hay a mitad de descenso y finalmente el aterrizaje en una poza de agua que en época estival suele estar seca, todo esto unido a la nevada que estaba cayendo creó un ambiente muy especial, lo único malo del descenso fue que al dejar la cuerda instalada en fijo esta sufrió un gran roce que rompió la camisa haciéndonos pasar un mal rato a los últimos que descendimos. A partir de aquí el segundo grupo lo dividimos en dos, con cuatro integrantes en cada uno haciendo más ligero el descenso. Después de una pequeña caminata por el cauce llegamos de nuevo a los rápeles, de pequeña altura casi todos ellos, la instalación de las cuerdas en estas condiciones de agua nos obliga a esmerar las precauciones colocando varios pasamanos recuperables y no destrepando o saltando aquellos resaltes que en verano descenderíamos con total seguridad y tranquilidad. El barranco se va cerrando y los saltos de agua se suceden uno tras otro sin tregua, el último grupo alcanzó en esta zona a su predecesor y todos a su vez llegaron al penúltimo descenso de 45 metros cuando los dos últimos integrantes del primer grupo aun no lo habían descendido, por lo que se creó un pequeño tapón que hizo que alguno de los que esperaban se pusiera morado del frío que pasó, la frase más escuchada durante la espera es "como voy a rapelar si no siento las manos", y es que en el lugar donde se encontraban se daban todas las condiciones para que corriese un poco de aire e hiciese aun más fuerte la sensación de frío, aunque otros intentaban quitarse el frío de la cabeza admirando el espectacular paisaje que se observaba desde la improvisada ventana que se asoma al Mascún; poco a poco descendimos todos aunque Chipi y Raúl estuvieron bastante tiempo para recuperar las cuerdas ya que el nudo de unión entre ambas se alojaba en una grieta e impedía correrlas. Inmediatamente viene el último rápel de venticinco metros y un pequeño destrepe nos deposita en el Barranco Mascún por el que circula una buena cantidad de agua inusual para esta época. Ya solo nos quedaba descender por el cauce del barranco, cada grupo lo hizo por su cuenta e incluso alguno de los integrantes lo anduvo en solitario, poco a poco todos fuimos llegando a Rodellar donde teníamos aparcados los coches, los últimos llegaron ya con noche cerrada aunque eran solo las siete de la tarde. Nos quitamos el traje de neopreno, nos secamos un poco y procedimos a entrar en calor en el bar donde mantuvimos una agradable charla a la que se unieron los dueños, atónitos al saber lo que habíamos hecho.
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