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La sima Esteban Felipe se ha convertido en una clásica de nuestro calendario, y como todos los años hubo gran número de participantes en su visita. Veinticinco espeleólogos venidos de Aragón, Navarra, Madrid y Cataluña. Muchos correos electrónicos y llamadas fueron precisas para coordinar permisos y horarios a fin de que todo saliera a la perfección y la actividad fuera cómoda para todos. Disfrutamos de la hospitalidad de los amigos del Club Peña Guara de Huesca que amablemente nos cedieron su refugio y así ya la noche del viernes algunos de nosotros la pasamos en él. Fue el sábado por la mañana cuando el grueso del grupo salió desde Zaragoza a las siete de la mañana desde la sede del Club, paramos en Huesca donde recogimos a más compañeros y continuamos hacia nuestro objetivo. La planificación previa hizo que los participantes fueran llegando al refugio escalonadamente ya que se organizaron cuatro entradas, la primera a las diez de la mañana y la última a las tres de la tarde, dejando un espacio de una hora entre cada grupo. Mientras nos cambiábamos y preparábamos el material en el refugio veíamos que el día no acompañaba mucho, una persistente pero ligera lluvia no cesaba e hizo aligerar el paso en la corta distancia que separa el refugio de la boca de la sima. El primer grupo compuesto por Miguel Ángel, Mariano, Armando, Jorge y Raúl entraban en la cavidad un poco antes de las once de la mañana insta, equipamos la cabecera del pozo de entrada y comenzamos el descenso; al llegar a la bifurcación hacemos dos grupos para después completar un circuito y confluir en la zona de las Las Capillas. El primero se dirigió por la vía de la Gatera C.S.J. parcialmente inundada para instalar el P-35 que hay posteriormente y que resulto imposible ya que el fraccionamiento intermedio no se podía utilizar, aun cuando hay cuatro spit todos son inutilizables, unos por que se mueven o están mal colocados y el que parecía bueno esta inutilizado, intentamos clavar uno nuevo pero fue imposible ya que hay que hacerlo en una colada formada por roca muy blanda por lo que necesitariamos un paraboll para dejarlo bien colocado; desistimos de la instalación de esta vía y regresamos sobre nuestros pasos hasta el pozo-rampa P-38 que ya habían instalado nuestros compañeros, después subimos el P3 y atravesamos el pasamanos que salva el P-22 reinstalado con una cuerda que dejamos en fijo ya que la existente estaba muy deteriorada. Accedemos a la cabecera de una rampa P22 y la descendemos, mientras nos vamos juntando y además se nos une el segundo grupo compuesto por Marisa, Laura, Francesca, Víctor, Juan Ignacio y Luis M. poco antes de llegar al Tobogán del Barro, mientras muchos de nosotros mirábamos el belen allí instalado. El ritmo decrece y juntos pero con distancias seguimos la progresión disfrutando de las abundantes y prolijas formaciones hasta llegar a la Sala del Vivac, donde hacemos un alto para reponer fuerzas y decidir quienes siguen y quienes van a ir saliendo. Algunos subimos por la cuerda fija que da acceso a la Gatera de las Flores, pero encontramos que está totalmente sifonada dada la abundancia de agua en toda la cavidad. Al poco aparece el tercer grupo compuesto por Chipi, Chuse, Gabriel, María Jesús, Jordi, Luis P. Marta y José |
Algunos compañeros deciden que este es el final para ellos y deciden comenzar el regreso hacia el exterior, haciendolo así en grupos escalonadamente, mientras Raúl se queda en la Sala del Vivac organizando la salida y esperando al último grupo, compuesto por Beti, Eduardo, Luis C., Ana, Vanessa y Antonio. El resto con fuerzas renovadas afrontamos la estrecha diaclasa que podemos dividir en dos secciones, una primera que debemos afrontar por su parte superior para no encajarnos en su fondo y tras un pequeño pasillo otra sección que debemos pasar gateando por el abundante y pastoso barro desembocando a mitad de un pozo, equipado con cuerdas fijas y que nos obliga a pasar la gatera con los aparatos puestos ya que la salida es directa al pozo. Remontamos las cuerdas hasta una amplia galería que nos conduce tras un paso estrecho al final de nuestra visita, una galería de cómoda progresión y pocas pero curiosas formaciones que acaba en una zona de techo bajo y suelo arenoso. Cuando estábamos ya de vuelta en la cabecera del pozo oímos el tercer y cuarto grupo que estaban remontando. La dificultad de la diaclasa condiciona la rapidez de los grupos y tras una corta espera nos toman el relevo en la visita del sector final. El paso por la diaclasa se hace menos penoso sin aparatos ahora que ya no los necesitaremos hasta las rampas; de nuevo en la Sala del Vivac reposamos un poco para afrontar la salida. Ya sin prisas prestamos mayor atención a la riqueza de las formaciones, ya que al entrar a veces pasamos por alto rincones que con mayor detenimiento hacen nuestras delicias. Mientras un grupo se queda para desinstalar el resto va saliendo, de ese modo no hay apenas esperas en los tramos de cuerda. Casi a las dos de la mañana llega el último grupo al refugio, y mientras algunos todavía disfrutaban de la velada otros ya estaban roncando a placer. Aún tuvimos tiempo hasta para cantar un cumpleaños feliz con velitas incluídas, y es que a algunos nos sienta muy mal el superar la barrera de los cuarenta, la flor de la vida. Poco a poco nos vamos retirando a nuestros aposentos, aunque algunos deben huir de ellos debido a los elevados decibelios que emiten algunos de los comapañeros con sus ronquidos, algo más para organizar al año que viene. Aunque nuestra intención era llevar a cabo alguna actividad en la mañana del domingo, no hubo mucho entusiasmo por ello y la dedicamos a charlar, descargar fotos, limpiar equipos que en esta cueva se pringan como en ninguna y planear futuras actividades. Tras dar buena cuenta de un recio almuerzo recogimos los bártulos, limpiamos el refugio y "cada mochuelo a su olivo". |
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