
P-55.

Acceso a la Sala Oliver Guillaume.

P-18 desde la Sala Oliver Guillaume.

Hora de comer.
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La noche anterior habíamos decidido levantarnos a las 7:30 horas, pero al final fue una hora más tarde ya que ninguno escucho los despertadores, o simplemente nos hicimos los remolones. Después de un fuerte desayuno nos montamos en los dos coches y nos dirigimos a Arredondo para continuar hacia el pueblo de Bustablado. Un poco antes de llegar a este, dejamos uno de los coches aparcado en la carretera frente a la salida de Cañuela, con cuidado no molestar ya que no hay un sitio concreto para ello y casi todos los huecos que hay son propiedad privada, continuamos todos en el otro vehículo hasta llegar a Bustablado donde tomamos una pista asfaltada que conduce a Calceca, estrecha con curvas de herradura y fuertes pendientes que nuestro vehículo en alguna ocasión no pudo superar con todos nosotros y la gran cantidad de sacas que llevábamos; después de recorrer cinco kilómetros aproximadamente, en una curva de 90º a la derecha donde comienza un pequeño hayedo, donde se aprecia un ensanchamiento de la pista, aparcamos el coche y preparamos el material para inmediatamente tomar una senda que de allí parte, ascendemos por ella bien marcada con una pendiente muy fácil de llevar, en pocos minutos nos encontramos en la parte alta del monte donde bordemos varias dolinas hasta llegar a una valla de alambre de espino que atravesamos y empezamos a descender suavemente hacia la última de las bordas que se divisan hasta llegar a una pequeña fuente cerca de la cual se encuentra la boca de entrada a la Sima de Tonio.
Formamos dos grupos: uno con Raúl, Miguel Ángel y Laura y otro con Javier, Chipi, Coves y Manolo .Sobre las 11:30 horas entra el primer grupo por el pequeño y angosto agujero tras los primeros pozos, un P15, P17 y P10, llegamos al P-48 en el que sin terminar de bajarlo nos desviamos por un pasamanos ascendente montado con cable de acero protegido. Inmediatamente accedemos a un nuevo pozo P10, como su cabecera esta muy expuesta montamos un pasamanos recuperable para llegar con seguridad; ya en su base divisamos la famosa y estrecha diaclasa vertical, que a más de uno le iba comiendo la moral durante el trayecto, por suerte está instalada con una cuerda fija y ninguno tenemos mayor problema en superarla, un poco de incertidumbre cuando le toca a Manolo que es el más corpulento, y además era el último pero pasa sin mayor dificultad. Seguimos descendiendo por una pequeña rampa hasta llegar a un paso ascendente equipado con dos cuerdas, una con nudos y otra limpia, que nos sube a una ventana donde con la ayuda de una cuerda guía atravesamos un desfondamiento y accedemos a un meandro con un par de resaltes, para posteriormente llegar a una especie de terraza que donde se encuentra la cabecera del P55; sin terminar de bajarlo penduleamos a un pasamanos instalado con cable de acero protegido que nos lleva a una ventana donde continua la travesía por un pozo paralelo, con la misma cuerda descendemos unos 5 metros hasta la base donde podemos estar todos más cómodos y esperar al siguiente grupo, ya que habíamos acordado cada uno de los grupos llevaba una cuerda de 60 m. y en este pozo se necesitaban las dos por lo que a partir de aquí fuimos todos juntos. Tras este comienzan una sucesión de pozos, siendo el primero el más pequeño de todos P6, el siguiente debería de ser un P20 pero al llegar a la siguiente instalación en una pequeña cornisa nos damos cuenta de su precariedad y decidimos continuar bajando y así unir los tres tramos de este pozo por lo que se convirtió en un P50 en el que no hay dificultad para recuperar las cuerdas. Los dos pozos siguientes P20 y P22 son consecutivos y nos depositan en una pequeña sala de donde parte un meandro, denominado Gatera de la Borrasca, por el que circula bastante aire y que nos conduce al techo de la Sala Olivier Guillaume, mediante un P18 totalmente volado y con una salida hacia su cabecera que resulta algo complicada pero compensa por la espectacularidad del descenso. Los fotógrafos fueron los primeros en descender y tomar posiciones con sus cámaras, flashes y linternas pero no les fue posible tomar una buena panorámica del descenso. Una vez todos en la Sala nos encontramos con una ¡sorpresa¡ la cuerda no recupera y mientras todo el mundo esta hincando el diente a su comida, Manolo sin esperar a nadie, y con la ayuda de Chipi y Raúl, decide subir y desatascar el nudo que estaba trabado entre la anilla y la pared, por fin baja la cuerda y continuamos comiendo tranquilos.
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