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En esta ocasión decidimos acercarnos a una sima que te deja huella, afortunadamente fuimos un grupo reducido y bastante cohesionado en el que las estrecheces no fueron obstáculo para ninguno. Quedamos a las siete de la mañana del sábado en la puerta del Club: Adelia, Jessi, Enrique, Juan Ignacio y Raúl, todos fuimos puntuales menos uno al que tuvimos que despertar y esperar hasta su llegada, cosa que no volverá a suceder con nadie ya que no se esperará más allá de los cinco minutos de cortesía a no ser que el perjudicado avise con una buena justificación. Ya todos emprendimos el viaje hacia Molinos en la provincia de Teruel, son unos 150 kms. hasta el aparcamiento de la Cueva de Cristal situada a las afueras de ese municipio, con buenas indicaciones para llegar hasta allí. Eran las nueve de la mañana cuando llegábamos y empezábamos a cambiarnos y preparar el material, lo hicimos rápidamente ya que era el único sitio en el que no daba el sol y unido a la brisa hacia que nos quedásemos fríos. Aprovechamos a equiparnos todos a la vez y así ir recordando la posición y uso de cada uno de los aparatos, que además para algunos era la primera vez que los usaban, también se aprovechó para tomar un tentempié y rápidamente cogimos el material de instalación y nos dirigimos hacia la cueva. |
Desde el aparcamiento se toman las escaleras que se dirigen a las Grutas de Cristal o Cueva de las Graderas, una vez subidas llegamos a un pequeño llano en el que la cueva turística nos queda a la derecha unos metros por encima de nosotros, en este punto empezamos a remontar el barranquillo que viene por nuestra izquierda, justo enfrente de la puerta de la cueva turística por su ladera derecha junto a una pequeña pared de roca caliza. Al poco llegamos a un agujero en la pared en el que se observan varios agujeros de barrena y que hizo que varios de los miembros del grupo empezasen a sudar y a decir que por allí no cabía nadie y que era más reducido de lo que ellos esperaban, después de unos minutos de incertidumbre y nervios continuamos hacia arriba ya que fue una pequeña broma y esa no es la boca de la cavidad, que realmente se encuentra unos veinte metros más arriba en la misma pared de roca. Las dimensiones de esta ya convencieron a todos los miembros del grupo, aunque seguía habiendo dudas de como afrontarlo. Mientras Raúl instalaba la cuerda los demás aprovechaban para recordar los pasos a seguir con los aparatos en las cuerdas. La cabecera esta formada por un spit y un parabol en buenas condiciones, la boca se atraviesa tumbado de lado y asegurado a la cuerda ya que inmediatamente superada la boca aparece el primer pozo totalmente vertical y redondo por el que descendemos unos nueve metros, las dimensiones son reducidas aunque nosotros cabemos sin mayor problema. Continuamos descendiendo por una rampa que aumenta de tamaño y nos permite descansar un poco de las apreturas. Continuamos por la diaclasa que cada vez se hace más estrecha hasta llegar a un punto en el que nos aparece un agujero que da acceso al techo de la pequeña sala, descendemos este de unos ocho metros y comienza el auténtico desarrollo de la cavidad. Hemos instalado cinco fraccionamientos en sendos spit, casi todos ellos en buenas condiciones y utilizado una cuerda de cuarenta y seis metros aunque nos ha sobrado longitud. |
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Fotografías de: Raúl García |
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