Cueva del Asno |
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En esta ocasión la búsqueda de una cavidad fácil para proseguir la iniciación nos llevó a tierras sorianas, a pocos kilómetros de la capital. Por un lado llegaron Juani y Mariano desde Zaragoza y en otro coche Daniel y Miguel-Ángel que estaban pasando el puente en un pueblecito de Soria. El punto de encuentro fue una gasolinera situada poco antes del pueblo de Los Rábanos, en dirección a Madrid desde Soria capital. Siguiendo este sentido y en el desvío siguiente al citado pueblo, tomamos a la izquierda entrado en una finca privada con cartel que prohíbe el paso, pero tras preguntar en la casa de los guardas nos indican que podemos acceder a la cueva sin ningún problema. El camino asfaltado pasa junto a unas naves y estaremos atentos para no pasarnos el desvío que gana altura hacia la izquierda. Este nos conducirá hasta la presa del Pantano de Los Rábanos, que atravesaremos y siempre en sentido ascendente llegaremos a lo alto del monte, donde antes de una curva a la derecha podemos dejar el coche en zona desarbolada a la izquierda. |
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Tras equiparnos para el recorrido sin aparatos buscamos el sendero que tomando dirección Norte y marcado con hitos de piedra atraviesa un barranco por muretes de represamiento y superamos otra loma que nos conduce sin pérdida a la boca de la cueva con el pantano ya a la vista. Encendemos nuestras luces y lo primero es entrar reptando sobre piedras sueltas. Recuperamos la posición erguida y desfilamos por el Paseo de las Hormigas, una galería con el techo inclinado y las primeras formaciones, la mayoría en estado fósil y muy degradadas por la gran afluencia de vándalos. Llegamos al primer obstáculo, la Sima del Perro, que superamos por una gatera lateral y con algún desfondamiento posterior llegamos a la Sala de los Murciélagos donde la galería se agranda y poco después vemos la luz exterior de la entrada número 2, una bonita ventana que nos permite salir al exterior y tomar unos minutos de reposo disfrutando de las vistas sobre el embalse. Decidimos volver para comer en el exterior y nos dirigimos hacia la Galería Alto Duero. Las dimensiones aumentan y encontramos bellas formaciones deterioradas por pintadas y dibujos, algunos de grandes dimensiones. En una de las salas oímos el ruido de un grupo de murciélagos y a pesar de nuestro cuidado empiezan a volar por la sala. Un gran cúmulo de guano da testimonio de la actividad de este año. Proseguimos hasta la reducida gatera que da acceso a la Galería Alto Duero; Miguel-Ángel a pesar de ser consciente de que no cabe lo intenta, pero le resulta totalmente imposible. Aprovechando su reducida talla y haciendo acopio de valor es Daniel quien consigue pasar al otro lado, pero retrocede ante la expectativa de encontrarse solo al otro lado. Ahora es Juani quien lo intenta, consiguiendo pasar fácilmente. Daniel vuelve a pasar la estrecha gatera y siguen el recorrido para disfrutar de un sector muy poco visitado dado lo restrictivo de su acceso. Regresan satisfechos de su proeza y decidimos volver a la entrada 2 para reponer fuerzas. Nos tomamos un buen rato para comer tranquilamente bajo los tibios rayos de sol y descansar antes de dirigirnos al sector más angosto de la cavidad, la Galería de la Bala. |
Con fuerzas renovadas nos dirigimos a la larga y estrecha Galería de la Bala; tras unos momentos de duda encontramos la gatera que da acceso a un interminable conducto de reducidas dimensiones, que rara vez nos permite ponernos de pie. Lo penoso del avance se ve recompensado con el buen estado de las formaciones, destacando unos pequeños gours que casi han llegado a cerrarse y cortinas de timbrados sonidos. Proseguimos hasta una sala en la que nos sorprenden unos raros espeleotemas: las raíces de los árboles que buscando la humedad han llegado hasta aquí y han creado un bello rincón. La galería vuelve a estrecharse y poco después otra sala de mayores dimensiones nos ofrece una gigantesca y bella formación. Aquí decidimos dar la vuelta, conscientes de la penalidad que va a suponer retroceder gateando los casi quinientos metros que tiene esta galería. Aliviados al llegar a la segunda salida estamos ya deseando dar por finalizada nuestra aventura, el cansancio se va notando y sobre todo la falta de rodilleras, que seguro no volveremos a olvidar jamás. Una vez en la salida nos hacemos la fotico de rigor y regresamos a los coches con ganas de reposar y reponer fuerzas. La tarde es fantástica y tras cambiar nuestra indumentaria tomamos un refresco en un bar del pueblo de Los Rábanos, tras lo cual nos despedimos hasta la próxima aventura. |
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Fotografías de: Miguel Ángel López |
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